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Anatomía del Procés

  • Published in Política

EL BAR DE PEPE

Movilizar a la gente no es nada difícil, consiste en proponerles un proyecto que crean ilusionarte,  no quiere decir que lo sea, basta con que lo crean, después se trata de repetir miles de veces, cientos de miles de veces y si hace falta millones de veces, una consigna, un eslogan, por ejemplo: “los españoles nos roban”.

Si además le añadimos el componente idiomático, y  el del adn diferente y de un pueblo especial, tendremos el cultivo perfecto para crear el clima idóneo que fomente la xenofobia entre los unos y los otros.
El tema catalán no es nuevo, se veía venir, estuvo solapado durante décadas a la espera del momento adecuado de una nueva generación preparada y concienciada en contra de todo lo español.

Por otro lado el movimiento etarra impedía abrir un proceso de independencia de Cataluña, no era inteligente una política de violencia y terror en una zona de gran solvencia económica y social, con renombre internacional y sede de innumerables empresas nacionales y multinacionales , grandes inversiones extranjeras y con un futuro prometedor.

Mientras tanto el movimiento llamado “terra lliure” hacía sus “pinitos” y el padrino temblaba ante la posibilidad de sembrar el pánico en la comunidad catalana. Ellos mismos se encargaban de acabar con cualquier acto violento, no era el momento.

En aquellas fechas, años 90, después de la Olimpiada de 1.992, Barcelona era conocida en todo el mundo como ejemplo de una España modernista y europeista, miles de millones de personas situaron en el mapa mundi  la ciudad de Barcelona y por ende a los países de la región catalana, hasta 1.992 a la ciudad condal la conocían 38 millones de españoles y unos cuantos más entre europeos y sudamericanos y pare de contar. O sea que la sangre sería diferente y el adn de película pero en el mundo sin España,hoy en día la conocerían más por el cava Codorniu y Casa Tarradellas que por su cultura, idioma y especial condición de pueblo culto y diferente al resto de los mortales.

La movilización del independentismo es algo digno de  ser estudiado psicológicamente, porque no han sido ni siquiera son los catalanes de “toda la vida” los de cuna y estirpe senyera, los descendientes de Wifredo I el velloso, los que están en las calles pidiendo la libertad de los delincuentes políticos en prisión preventiva, no, para nada se llaman Prats, Curiel, Puigcerdá, Crosas, o Molits, Plans o Castells, para nada. Los que están con el “arrer lliure” se apellidan González, Martinez, Hernández, Garcia y si alguno coincide con un apellido catalán es mera coincidencia, el 90% de esos 1,9 millones de ciudadanos catalanes que piden a gritos su libertad de las cadenas que le atan a una España opresora, dictatorial y sanguinaria, son descendientes de la migración española de los años 50 y 60.

La mayor parte de ellos son hijos y nietos de los andaluces, extremeños, gallegos, aragoneses, murcianos, canarios, etc. que se integraron en la sociedad catalana. De tal forma era su deseo de no verse discriminados que muchos de ellos aprendieron el idioma catalán  e hicieron que sus hijos lo aprendieran y además sus bailes típicos, su folclore y su gastronomía, estos, a su vez, llevaron a sus hijos a escuelas catalanas y fueron los primeros en potenciar el idioma catalán como lengua única.

Lo trágico de todo esto es que esas personas han perdido sus raíces y cualquier apego al pueblo de sus padres o sus abuelos se convierte en odio o, en el mejor de los casos, indiferencia.
Estos días hemos presenciado lo que podíamos llamar el preludio del “baile de los malditos”, el enfrentamiento de una parte del pueblo contra otra parte del mismo. Del intervencionismo del Gobierno de Rajoy, hemos pasado al pasotismo de Sánchez, o sea parece como si Pedro Sánchez, aprendida la lección del 1 de octubre de 2017 ha preferido dejar que los asuntos internos de los independentistas lo arreglen entre ellos mismos, o sea que la que reparta palos sea la policía catalana, los mossos que,como si fuera un deja vu, se encontraban en la misma situación que los guardias civiles y la policía nacional un año antes.

La violencia se instala en Cataluña con el beneplácito, incluso con el llamamiento del president de la Generalitat, y se escuchan voces reclamando una nueva organización sudo etarra llamada “nova terra lliure” que según información, estarían siendo adiestrado en guerra urbana por expertos comandos irlandeses y etarras.

Los que esperaban una nuevo Ulster en los países catalanes parece ser que están en lo cierto, la violencia estalla y Barcelona se convierte en una ciudad sin orden ni ley.