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Pesadilla en Cataluña

EL BAR DE PEPE

Uno, que ya está cansado de mover las neuronas en un laberinto sin salida, se pregunta: ¿qué cojones le habrá podido pasar a este individuo para desear tamaña cabronada que, caso de triunfar como mínimo, en un par de generaciones no tendrá el bienestar social logrado hasta ahora?
Les comento: Pedro, descendiente de un emigrante aragonés, llegado a Barcelona en los años 50, tuvo una infancia feliz, estudió y a los 17 años tuvo su primer trabajo, la situación familiar era de clase media, como el 90% de las familias catalanas de la época.
Con 18 años se compró su primera Vespa, todo un lujo para un joven xarnego.
Pedro se casó con un chica catalana, y también de clase media trabajadora, los dos compraron su piso en la Avenida de la  Meridiana y tuvieron hijos que educaron en el mejor ambiente familiar y de espaldas a sus raíces aragonesas, él habla perfecto el idioma catalán, sus hijos también, logró su apartamento en la costa, y otro en una cala de Mallorca, su vida fue trabajando y con su trabajo, la paz y el progreso de la sociedad que le rodeaba pudo ver como su ciudad, Barcelona, crecía y se proclamaba como capital del mundo, y ellos, los que vivían en ella, los catalanes del siglo XX se convertían en ciudadanos del mundo.
Ha vivido, y vive su retiro cómodamente, viajes, buenos restaurantes, sus hijas e hijos casados y con sus respectivos trabajos, nietos en escuelas nacionalistas catalanes, o sea, mi amigo Pedro no tiene razones ni motivos para quejarse de España, de la que su padre y madre pertenecían, ni siquiera de la España negra y fascista, Pedro no puede decir que los españoles le hemos robado.
¿Qué es lo que puede mover a un individuo, que lo tiene todo, a promover y apoyar un movimiento separatista que está dividiendo la sociedad en la que convive y pone en peligro su estabilidad y la de su familia? ¿la libertad? ¿acabar con el yugo opresor de un país que tiraniza al pueblo catalán? ¿pertenecer a un país más libre y democrático?
A Pedro yo le decía, antes que me retirase el saludo y la amistad que manteníamos desde los años 60 del siglo pasado, que es malo no mirar la historia, pero peor es renegar de su pasado, y horrible es negarlo. Cuando el lavado de cerebro es tan grande y colectivo, algo empieza a funcionar de manera diabólica: "o estás a mi lado, conmigo, o contra mi".
Ese laconismo, "o conmigo o en mi contra", es el mismo que llevó a una guerra suicida en los Balcanes, serbios, bosnios, musulmanes, croatas, todos contra todos, cientos de miles de muertos, odio y ruina, han pasado más de 20 años y siguen en la pobreza. En el Ulster sucedió algo más parecido a lo que está sucediendo en Cataluña y puede darse el caso que la historia se repita, el día que veamos al ejército español con las tanquetas en la Diagonal, en el Pº de Gracia o en las Rambla, ese día habrá empezado el fin del bienestar de los 7 millones de catalanes y catalanas o residentes, y empezarán a saber que cualquier tiempo pasado fue mejor, y al mismo tiempo se convertirá el problema de unos “iluminados” en una pesadilla terrible para el resto del pueblo español.
Que no crea el pueblo catalán que la independencia es la panacea, ni la república el modelo perfecto de convivencia, desgraciados los desagradecidos que son capaces de luchar por una causa que va en contra de sus propios intereses y en pro de un futuro incierto del que dicen será maravilloso y prometedor, pasado mañana cuando despierten   de la pesadilla secesionista es posible que se encuentren con un país ideal para viejos y lleno de rencor.

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