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Las comisiones de investigación (chollo parlamentario)

  • Published in Salud

CUADERNO DE BITÁCORA

Ahora me acabo de enterar que existe una comisión en el Congreso de los Diputados que investiga la gestión de las vacunas anti covid19, cuestión que no acabo de entender.
No lo entiendo, por dos razones, una porque llega tarde y otra porque a estas alturas las opiniones de cualquier experto, iluminado, genio de la lámpara maravillosa de Aladino, estudioso del tema, farmacólogo en ejercicio, etc., me importan nada de nada, por otras dos razones, una porque si es verdad lo que dice tendré que celebrar, como otros 4.800 millones de seres humanos de este planeta vacunados que hemos escapado de la muerte por el “chute” de la pócima de Pfizer, Moderna, Janssen, etc., etc., y la otra porque, seguramente, por haberme vacunado no la he palmado por la pandemia del coronavirus chino.
Yo entiendo, me lo dijo un amigote diputado, que el chollo del diputado para obtener unos ingresos extraordinarios, que no extras, son las famosas “comisiones de investigación”, comisiones que no tienen otro efecto que el sentar en un sillón al “investigado” y que los “comisionados” de cada partido político realicen preguntas sobre el asunto a tratar, por ejemplo existe una comisión de “investigación” sobre “el futuro de Europa”, otra sobre “reconstrucción social y económica” o la comisión sobre el accidente del vuelo JK5022 de Spanair que supongo lleva en vigor desde el año 2008. El chollo del investigador que investiga y que al final de la investigación sus conclusiones no son vinculantes, es berlanguiano.
Volviendo al tema de la investigación sobre el efecto de la vacunación en los españoles vacunados, el experto farmacólogo invitado al Congreso, con un curriculum digno de un premio Nobel por lo tanto nada que objetar ante tan eminente profesional. Nos dice en un estudio realizado desde el inicio de la vacunación, hasta 29 de enero 2022, de 42 millones de personas vacunadas, 55.000 tuvieron efectos adversos, no deseados, por las distintas vacunas suministradas a la población española, de las que 375 tuvieron desenlace mortal y más de 11.000 efectos graves que tuvieron que ser hospitalizadas y dejaron secuelas. De manera que 67 millones de dosis de vacunas inyectadas a la población de mayores de 16 años, solo el 1,3% tuvieron problemas serios, de los que un 0,008% tuvieron un desenlace mortal.
Estoy de acuerdo en que las vacunas se buscaron con prisa, se pidieron a la “industria farmacéutica” de hoy para ayer la solución sanitaria ante un virus nuevo y totalmente desconocido, un coronavirus mutado en laboratorio y puesto en el mundo para crear una pandemia que horrorizase a la población mundial, también en la falta de rigor en el procedimiento habitual en la creación de cualquier fármaco, máximo en una vacuna. Se improvisó, y se puso en marcha un “antídoto” con falta de experimentación, solamente importaba dar a conocer al mundo entero que la investigación del siglo XXI estaba a la altura de las circunstancias, sin tener en cuenta la seguridad de millones de seres humanos. Digamos que lo primordial era parar a toda costa el avance del coronavirus sar cov 2, lo demás era lo de menos, y lo otro era la mil millonaria cantidad que recibirían las farmacéuticas (Pfizer consiguió en el 2021 unos beneficios de 71.000 millones de euros, un 95% por encima del cierre del año 2020) por la fabricación a escala de 21.000 millones de dosis.
Dicho todo esto, y dándole al conferenciante el beneficio de la razón en cuanto a su reflexión en el sentido del tiempo y forma de la creación de las vacunas, a la falta de transparencia por parte de los laboratorios y la poca exigencia de las autoridades sanitarias a la hora de dar el visto bueno a las mismas, no dejo extrañarme que uno de los integrantes de esas organizaciones sanitarias (él) que dieron el visto bueno a Pfizer, Moderna, Janssen, Aztrazeneca, etc., sea el mismo que ahora critique el procedimiento seguido por la OMS, la EMA, la FDA yanqui o la MHRA inglesa.
Pero el problema no es el tema que nos ocupa, la pandemia se irá y el virus se quedará entre nosotros, como se han quedado todos, el problema es la cronificación de las enfermedades por parte de la mal llamada “industria farmacéutica”. No interesa curar, porque acabar con la diabetes supondría la perdida de miles de millones de dólares de inyecciones de insulina, de pastillas contra el colesterol, de los costosos tratamientos contra el VIH, en medicamentos contra la hipertensión o el cáncer. Todos estos medicamentos tienen efectos “colaterales” alguno son contraproducentes porque no curas, no sanas, porque la enfermedad sigue latente, no se acaba con ella, se mantiene y la única forma que tienes de seguir un rato, o dos, vivo es drogándote con tóxicos que solo sirven para mantenerte vivo de esa enfermedad, pero poco a poco a poco sentirás como otros “daños colaterales” llegan para volver a lo mismo, y entonces aparecerá en tu historial médico otra anotación diciendo: “es enfermo crónico de….”