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Entrevista a José Antonio Ramos Arteaga

  • Published in Cultura

Intelectual inorgánico y activista

Diario de Avisos/Yurena Díaz.- Resulta muy difícil abordar las múltiples facetas vitales de José Antonio Ramos Arteaga. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna y Profesor de Literaturas Medievales en la Facultad de Humanidades en la misma universidad donde ha sido docente desde el año 1990. A José Ramos Arteaga se le identifica con el Barrio de El Toscal, donde ha vivido toda su vida, y cuya identidad ha defendido contra viento y marea desde el movimiento vecinal, sobre todo contra la perpetua especulación. Y es que este toscalero lleva el activismo en las venas; siendo un adolescente defendiendo la Ciudad Juvenil del barrio, símbolo de la corrupción urbanística, pasando por movimientos sociales como Asamblea por Tenerife, la Coordinadora de Pueblos y Barrios o la más reciente lucha contra el PGO de Santa Cruz de Tenerife que, con Coalición Canaria en el gobierno municipal dejaba fuera de ordenación a miles de edificios, y que se logró parar gracias a una larga y extraordinaria movilización popular.
Máster en Estudios Avanzados de Teatro por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en el ámbito universitario, sus líneas principales de investigación han sido el teatro y la literatura medieval. Ha desarrollado una formidable labor en el campo del teatro, que – considera-  ha sido el gran marginado de la literatura,  abordando una ímproba tarea de investigación, rescate, publicación y puesta en escena de textos canarios anteriores al S XIX, coordinando a filólogos, investigadores y estudiantes, y dirigiendo la Agrupación de Teatro de Filología desde 1990.
Como coordinador Erasmus con la Universidad Martin Luther (Alemania) y Amadeo Avogrado (Italia) ha impartido varios seminarios de Literatura en Italia. También ha sido Profesor Asistente Invitado en la Universidad de Duke (EEUU).
Además ha realizado desde el ámbito académico una novedosa e importante aportación a la investigación, estudio y visibilización de la cultura y el activismo LGTB/queer, con trascendencia más allá del ámbito canario.

Hablemos de la Universidad ¿Cómo la ha visto evolucionar a lo largo de las últimas décadas?
Hablo desde mi experiencia concreta. Llevo muchos años impartiendo clases y participando en las actividades culturales de la universidad y los cambios han sido muy profundos y, algunos, demasiado rápidos. El Plan Bolonia fue el principal marco de estas transformaciones. Siempre fui contrario a su aplicación forzosa y acrítica por parte de todos los sectores, tampoco hubo espacios para la discusión: o estabas a favor con el entusiasmo de un adolescente por las TICs, o eras un nostálgico de un modelo de universidad viejuno. Ese fue en muchas ocasiones el nivel del debate interno. Recuerdo que uno de los primeros documentos preparatorios de la comisión europea del Plan, allá por el año 2004, creo, que decía literalmente “Una universidad fuerte, para una Europa fuerte”, y cuando uno escuchaba este tipo de lenguaje de matón de patio de escuela pues ya me escamaba.

¿Cuáles fueron los problemas fundamentales del Plan Bolonia y los pros, si los hubo?
Sí es verdad que hay algunos aspectos que considero muy positivos porque introducían elementos prácticos en las carreras que antes no existían (las Prácticas Externas o el Trabajo de Fin de Grado); pero, en contrapartida, con la pretensión de fomentar la autonomía se redujo la presencialidad del profesorado que se subsanaba con trabajos autónomos. El problema es, en primer lugar, cómo fomentabas a los 18 años la autonomía cuando el alumnado que nos llegaba no tenía práctica anterior, en la escuela, en la autoconstrucción del conocimiento. Era el problema estructural de un sistema educativo nada autonomista. Y en segundo lugar creer que lo de autonomía era sinónimo de virtualidad. La virtualidad es esencialmente un repositorio y algo de interacción, pero no es un instrumento de autonomía mental, solo de autonomía instrumental. Tanta Tics transformadas en fines en lugar de ser simples medios nos ha puesto en manos de mucho pedagogo “nerd” que nunca ha interactuado con un ser humano en el aula y cree que su matrix docente particular es la panacea.
Por otro lado, ha interferido en la labor cultural (y, sobre todo, teatral) de la propia universidad pues ha hecho desaparecer los mecanismos y espacios de sociabilidad de hace años. Mucho estudiante va a clase y sale corriendo a meterse en la aplicación a ver si hay una tarea, un foro, etc. El grupo de teatro ha sobrevivido porque cada año llega gente inquieta y mantiene esa inquietud durante su paso por la universidad, pese al Plan Bolonia.

Háblenos de la labor de investigación y difusión que ha desarrollado sobre el Teatro Canario  
Desde hace años uno de los trabajos que hemos intentado hacer desde la universidad, a través del Seminario de Estudios Teatrales del Departamento de Filología Española y de la Agrupación de Teatro de Filología, es minimizar una enorme laguna de nuestra tradición literaria que es la que atañe al género teatral. Por un lado, publicando textos inéditos que doten a esta tradición canaria de obras que puedan completar un mapa bastante insuficiente; por otro, representando obras que rara vez han sido llevadas a escena a través de un mecanismo pedagógico de una explicación previa al público para que pueda percatarse de la importancia o valor de esa obra teatral que va a ver. Por eso hemos editado tres pequeños volúmenes de una colección que llamamos “Cuadernos de montaje” enfocada a los profesionales del teatro. Y ahora, ya hemos finiquitado un libro que creo que va ayudar mucho a tener una idea cabal de la historia del teatro en Canarias anterior al siglo XX, se titula Primer tesoro del teatro en Canarias y lo llamamos Primer, porque ya tenemos textos suficientes para un segundo volumen.
 
Otra de sus líneas de investigación ha girado en torno al mundo LGTBI. Usted ha sido uno de los pioneros en visibilizar académicamente la teoría queer
Uno de mis mayores intereses investigadores y humanos (porque me afecta también personalmente) son los estudios LGTB y las prácticas queer. Participo en un equipo de investigación internacional, que lidera Rafael Mérida de la Universitat de Lleida, que está cartografiando la literatura y la historia de los movimientos y activismos en España, México y Argentina en el siglo XX y XXI. Acabamos de editar un libro sobre el primer impacto del Sida en España en el campo artístico que creo que va a convertirse en un texto de referencia. Esto me ha permitido comparar los retos que sociedades tan diferentes y, a su vez, tan hermanas como la mejicana, la española y la argentina han afrontado en la visibilización y lucha por los derechos LGTBQ+. Ahora mismo, por ejemplo, coordino un proyecto que se llama “de/tra(n)s” en el TEA (Tenerife Espacio de la Artes) que persigue abrir un lugar en el que las experiencias de las personas trans en las fronteras de Centroamérica, México y África puedan conocerse y servir de apoyo a las poblaciones trans que sufren las exclusiones y las violencias en los espacios fronterizos. Por último, también llevo algunos años aplicando herramientas decoloniales para explicar algunos de los elementos culturales y literarios que definen nuestra literatura canaria (Cairasco, José de Anchieta, La ceremonia de los Guanches, las primeras crónicas, etc.)

¿Qué le ha llevado a formar parte activa de tantos movimientos y luchas sociales?
La verdad es que el activismo social ha sido importante en mi vida desde que tenía 14 años y ocupamos el antiguo edificio de la OJE en Santa Cruz y lo convertimos en el único centro juvenil autogestionado de Canarias en su momento: la Ciudad Juvenil del Toscal. El derribo alevoso de la misma por el Ayuntamiento lo único que hizo fue reforzar mi confrontación con muchas de las instituciones y muchos empresarios que aprovechaban la información privilegiada y la amistad con políticos relevantes para especular y robar. He pertenecido a colectivos de una historia ejemplar en su lucha contra la corrupción en Canarias: Asamblea por Tenerife o la Coordinadora de Pueblos y Barrios (una de las experiencias más gratificantes de mi vida) o al periódico popular que edito la coordinadora. También pertenecí al consejo de redacción de una de las revistas más contestatarias de nuestra historia reciente: La Repúblika. Durante esos años fue esencial, para frenar a los corruptos y prevaricadores, la celebración de manifestaciones multitudinarias que generaron una pedagogía crítica y reivindicativa que habría que volver a reivindicar. En este sentido, nos dimos cuenta que la función de los medios de comunicación era fundamental. Por ejemplo, sin la infraestructura técnica y humana de Radio San Borondón hubiera sido muy difícil crear una red de respuesta mediática como la que hicimos. En fin, todo un curso intensivo de activismo que agradezco y al que sigo unido.

Sin duda, la lucha contra el Plan General de Santa Cruz supuso un hito en la movilización ciudadana en Canarias
Otro gran movimiento en el que he participado fue la movilización contra el Plan General de Ordenación de Santa Cruz de Tenerife y el escándalo del latrocinio del Fuera de Ordenación, descubierto por el abogado Felipe Campos. Fue una labor de movilización de miles de vecinas y un trabajo de pedagogía urbanística y técnica sin parangón (menos mal que hay técnicas, arquitectas, profesoras y abogadas honestas, comprometidas). Y lo pongo en género femenino porque esta movilización fue protagonizada principalmente por mujeres. Mujeres como Olga, Pilar, Araceli o Luz Marina han sido esenciales, por ejemplo, en la lucha de nuestro barrio tanto contra el Plan General y el Fuera de Ordenación. Pero cada barrio y pueblo tuvo muchas luchadoras y resistentes en esta movilización.

Cariñosamente y en muchos ambientes a usted se le conoce como “Pepe el del Toscal”...
Mi barrio del Toscal es la única patria sentimental que reconozco, jaja. Como digo en broma, para mí Santa Cruz acaba en la calle del Pilar. Desde la experiencia de la Ciudad Juvenil del Toscal siempre he estado muy vinculado a mi Toscal. Aunque no lo parezca por ser parte del centro ciudad, nuestro barrio ha sido el más castigado y marginado desde hace muchos años: le han salido muchos novios especuladores (empresarios o constructores, pero también entidades financieras) que nos quieren convertir en zona gentrificada para que la burguesía de medio pelo actual pueda presumir de que vive en un casco antiguo. Y claro que es un casco histórico, pero donde ya vive mucha gente desde hace generaciones y que tiene derecho a seguir siendo parte del tejido del barrio. Por eso nuestra manía legítima contra todos estos equipos de arquitectos que vienen con ideas brillantes que habrán aprendido en algún curso por correspondencia: que si rascacielos, que si intervención contra las medianeras, que si peatonalizaciones salvajes, que si aparcamientos masivos subterráneos. Siempre lucharemos desde la Comisión de Defensa y la Asociación Toscal de la Tribulaciones por nuestro parque urbano Azucena Roja en la manzana central del casco histórico, por la defensa del patrimonio humilde de nuestras calles y casas, por la dinamización del comercio del barrio y por frenar la especulación y la gentrificación. No podemos traicionar la memoria del Toscal, que fue un barrio muy vinculado a la tradición obrera anarquista. Así que a solidarios y luchadores no vamos a decepcionar a nadie.